La pastora Marcela

Maravillado me quedé la primera vez que leí a la pastora Marcela. Yo no la conocía, no me la esperaba, y me quedé boquiabierto.

Luego vi que era muy conocida, y ¡cómo no! Así que lo que diga aquí no aporta nada nuevo. Pero es que, para mí, ella es intemporal y leerla siempre es un placer. Y todo me hace pensar que es así para muchas personas. Ella te abre los ojos a algunas verdades de siempre, de forma contundente y con mucha claridad. Pero con mucha elegancia, sabiduría y quizás hasta lirismo. Vamos a recordar su historia, resumiendo al comienzo, no literalmente, porque se puede coger el original y leerlo, que es un disfrute. Aunque creo que hay fragmentos que hay que leer y hasta memorizar. Y a quien no la conozca, aquí viene:

«Yo nací libre»

>>En una de sus andanzas, iban don Quijote y Sancho Panza cuando se encontraron con unos pastores. En el momento del descanso, cuando era de noche, se reunieron todos alrededor del fuego, y mientras, hablaban. Uno de esos pastores, que se llamaba Pedro, comentó que ese mismo día había muerto Grisóstomo y que al día siguiente lo enterrarían. Muy interesado don Quijote, siguió escuchando lo que Pedro le contó. Grisóstomo era de una familia rica del lugar. Incluso él y su amigo Ambrosio estudiaron en Salamanca. Grisóstomo era muy instruído, sabía astronomía…, y también escribía poemas. Llegado un momento, Grisóstomo y Ambrosio decidieron cambiar sus ricas ropas por las de pastor, y se fueron a vivir al campo cuidando tanto vacas como cabras. Nótese que ésta era la época en la que se ensalzaba la vida pastoril, su libertad y su pureza.

>>Marcela era una rica mujer del lugar, más rica que Grisóstomo. Y era muy bella. Su madre murió en el parto pero le transmitió su belleza. Fue un tío de Marcela quien se encargó de su educación. Mientras vivían juntos, él no la obligó nunca a casarse, que ya que era rica, podría conseguir un buen matrimonio. Es más, él decía que todos teníamos derecho a estar con alguien a quien de verdad amáramos y no casarnos por obligación o conveniencia. Siendo así, era libre de querer a quien quisiera. Marcela era conocida por su belleza, pero también por sus virtudes como inteligencia, sencillez, honestidad… todo lo bueno lo tenía ella. Pero nunca mostró que le gustara ningún hombre. Llegado un momento, decidió también cambiar sus vestidos por ropas de pastora e irse con otras mujeres a vivir al campo.

>>La marcha de Marcela al campo provocó que muchos hombres fueran tras ella para conseguir su amor. Pero ella los rechazaba a todos como «a trabucazos». No había árbol que no tuviera marcados corazones con los nombres de los enamorados y de Marcela. Amores frustrados que no iban a ningún sitio. Grisóstomo también se enamoró de ella y la pretendía, pero ella lo rechazaba. Así fue que Marcela fue ganándose la fama de cruel y despiadada por aquellos mismos que la deseaban. Y mientras, ella se iba alejando cada vez más hacia las partes profundas de aquellos campos. Aquí acabó Pedro su relato.

>>Un día, Grisóstomo se suicidó. El mismo día en el que don Quijote y Sancho Panza llegaron a esas tierras.

>>A la mañana siguiente, Pedro, los pastores y don Quijote se dispusieron a ir al entierro de Grisóstomo. Por el camino se iban encontrando a otros hombres, algunos de ellos hidalgos, que iban todos al entierro, al conocer las noticias. En un momento del camino se encontraron que llevaban el cadáver de Grisóstomo, cubierto de flores y de papeles con sus poemas. Iban de camino al lugar en el que Grisóstomo quiso ser enterrado, en el campo bajo la peña en la que vio a Marcela. Antes de enterrarlo, Ambrosio leyó la Canción desesperada que Grisóstomo escribió sobre Marcela. Ella parecía cruel al no corresponder su amor, que él tenía celos pensando que ella estaba con otros hombres. Él estaba frustrado y despechado, y dejaba a Marcela en mal lugar. A todos les pareció muy bien.

>>Y entonces apareció Marcela, como una visión, sobre la peña bajo la que estaban ellos. Era tal su belleza que se quedaron extasiados y los que no la conocían aún sino por comentarios, comprobaron que verdad decían. Y dijo ella que iba a exponer sus razones de lo sucedido y hacer ver lo equivocados que estaban todos. Y tanto que lo estaban. Saquen sus propias conclusiones. Copio aquí ya textualmente lo que dijo «Yo nací libre»:

«Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que por razón de eser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama; y más que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir quiérote por hermosa, hazme de amar aunque sea feo. Pero puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas las hermosuras enamoran, que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas sin saber en cuál habían de parar, porque siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos; y según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Sino, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es, el cielo me la dio de gracia sin yo pedirla ni escogella; y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado, o como la espada aguda, que ni él quema, ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe parecer hermoso; pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquél que por solo su gusto con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos; los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado, y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que no es obra mía que antes le mató su porfía que mi crueldad; y si me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él con todo este desengaño quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa. Quéjese el engañado, desespérese aquél a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confiese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo, ni admito. El cielo aun hasta ahora no ha querido que yo llame por destino, y el pensar que tengo que amar por elección es excusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho, y entiéndase de aquí adelante, que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque a quien a nadie quiere, a ninguno debe dar celos, que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala: el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá, ni seguirá, en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda, el que quiera que la tenga, con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas: tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a este, ni solicito a aquel, ni me burlo con uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas, y el cuidado de mis cabras me entretiene; tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma, a su morada primera.»

>>Y se fue. Y quisieron salir tras ella. Y don Quijote se interpuso para defenderla y hacer que nadie la siguiera y ella pudiera vivir en paz.

Nunca me cansaré de leerla ni pensar en sus palabras. Lamentablemente, las palabras de Marcela han sido manipuladas, más en los tiempo actuales. Manipuladas en un sentido y en el contrario, y tanto me desagrada que no voy a hacer más mención a ello. Me quedo con sus palabras y mi propio entendimiento.

Me despido con música. Quizás tenga poco que ver con lo anterior, pero es muy pastoril. La obertura de Bastián y Bastiana, ópera sobre dos pastorcitos y un mago que Mozart compuso con doce años, y un fragmento del oratorio Las Estaciones de Haydn:

2 comentarios sobre “La pastora Marcela

  1. Efectivamente El Quijote está plagado de historias bellísimas cómo esta de la pastora Marcela. Hoy día con tanto Netflix no tenemos paciencia para estas sutilezas. Una pena!!

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